viernes, 26 de noviembre de 2010

Charlando de nuevo.

De nuevo lo ví, ahí estaba como el año pasado, y como hace dos cuando lo conocimos. Como vigilante o guardián de los más íntimos, pero de seguro también los más fieros recuerdos, con su cara lóbrega de desesperanza y su empolvado cuerpo de fantasma o panadero, ¿cómo habría de olvidarlo?, ésta vez comía sobre un tonel de agua un bolillo y no una mandarina como el año pasado, y no, ésta vez no cargaba nada como hace dos.

Se veía tan solo como aquella tarde en que nos dijo con su voz averiada por el aguardiente; que tengan buena tarde ¿puedo hacer algo más por ustedes?, ¿lo recuerdas?, ¿pero cómo habrías de recordarlo? si tú en tu eterna distracción no lo miraste, tenías tus ojos llenos de asombro, llenos de tierrita y cositas nuevas. Creo que como es la única vez que no te has quejado de algún servicio, se te paso de apercibido.


No te disgustes, sé que esto de las ñoñerías de los recuerdos jamás te gustó, por lo menos así lo decías, pero ahora ya de regreso en casa, me vino un recuerdo muy añejo a la mente y estoy seguro de que tú también te acordarás de aquellas divertidas discusiones con las meseras del café. En aquel tiempo era yo inexperto y recuerdo que abría mucho los ojos y me espantaba, pero ahora no sabes cuanta risa hemos tenido en casa cada que le cuento esto a los hermanos. Fíjate que en ocasiones, ahora que también me encuentro sólo, también les cierro el ojo antes de llamarles la atención por el café tibio como tú lo hacías, la verdad no es buena técnica para el coqueteo, pero sus cómplices respuestas siempre distraen un poco a la soledad, sobre todo cuando traen la cuenta y preguntan por ti. Oye Paco, ¿aún conservas la estampita que te guardé en el bolso del saco el día que te fuiste?

Ah, pero te contaba, mamá también vio al tipo del bolillo y le bautizo como el señor de “tierra firme” en alusión a su polvorienta figura y a una novela que no ha podido conseguir, y a la cual le tiene muchos deseos. Mamá sigue igual como la conociste y como la dejaste, dicharachera y leyendo como si en ello se le fuera la vida. Conserva intacta su fantástica profesión de levanta ánimos, con nada se arredre. Ha perdido un poco la sazón, pero su asado sigue siendo el mejor pretexto del mundo para chuparse los dedos. Ella viene cada domingo aunque no la acompañe nadie, ya sabes que le encantan las flores, además parece que en nada le pesa la edad, ni el bastón, ni las reprendas que le pone el medico de que tiene que caminar menos por sus no se cuantos injertos de cadera.

Sin embargo, despistada como es, tampoco notó que era el mismo tipo de hace dos y hace un año y tal vez de siempre, yo no le dije nada, ya vez que es un poco dada a creer que todo tiene una relación y que todo sucede por algo, de nada habría valido que le explicara que ahí trabaja, que cargar féretros y después mezclar cemento para cerrar por siete años las lapidas es su destino, y que no se irá de ahí jamás. Lo ves, yo también estoy inventando, jamás es imposible, o tú dime, ¿verdad qué algún día tendrá que jubilarse o morir como tú y como todos, y después dejarle el puesto a alguien más?, ¿o no?



Due® 26.11.10, ya hace dos años Paquito, cómo vuela el tiempo.

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