jueves, 22 de abril de 2010

Lágrimas.


Cómo olvidarlas si en su momento como bella ilusión
me pareció que era el peso de mi cuerpo sobre el tuyo
quien las exprimía de tu alma, era tarde y la luz de las bombillas
de la calle auguraba el fin de ése día y quizás de los mañanas.

Me mirabas a los ojos, lo hacías como quien mira un tronco,
el campanario de una iglesia o la arquitectura de algún faro
en la punta sur de alguna isla, me mirabas, lo sé,
porque aún me arde el orgullo en el recuerdo
del aroma de violetas en donde creí,
sellaban abrazadas nuestras almas el compromiso
que sin firma en documento alguno dice honesto; para siempre.

Las recuerdo y aún me duele tu mirada clavada en mi alma,
me duele porque mientras las miraba rodar por tus mejillas
yo imaginaba inocente que lo hacías, mirándome como un tronco sí,
pero como aquel que con el tiempo y agua enverdece
y da hermosos frutos, sé que me mirabas como campanario;
sin embargo tu corazón no escuchaba música ninguna
ni el golpe del badajo en la campana,
no profundizó en ningún momento en la luz que enciende
por la noche el farolero y que a la distancia salva de naufragios
o acaricia con pasión la unión del cielo con el horizonte

me miraba en tu mirada cruzando enamorado de tu mano
cualquier infortunio y sentía emocionado que el par de gotas
de agua clara que inundaban tu mirada era el llanto del amor
que sabe que el amor no es perfecto, pero perfectible sí,
con amor y con respeto


Cómo olvidarlas si en su momento como hermoso espejismo
me pareció que era el peso de mi amor sobre del tuyo
quien inauguraba esa bella lluvia blanca,
sin imaginarme nunca, amor, que tu alma era etérea, lacia y ligera,
era tarde corazón y volaste con presteza rumbo a la luz de las bombillas
como hermosa mariposa hacía la calle con rumbo,
quizás, a los mañanas,
las recuerdo ahora cuerdo, las recuerdo con las mías escurriendo
por los ojos y rezando sencillamente por tu alma.


Due® 21.4.10

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Y de pronto, un día cualquiera, nos encontramos con esa verdad que nos grita del otro lado del espejo, es cuando la soledad se hace densa; pero con todo y a pesar de todo esperamos ser salvados, con el dolor de las sombras a cuestas, esperamos ese soplo de asombro que produzca el milagro en nuestra vida. Sé que no es la interpretación adecuada, pero desde mí, así lo entendí o así lo quiero entender.
Hermoso poema, un beso Francisco

Flor

Francisco Lechuga Mejia Due® dijo...

Muchas gracias por tu interpretacion que finalmente, despues de que uno escribe, es la unica válida

Un abrazo fuerte