martes, 6 de abril de 2010

Sencilla…


de pronto pensé que era posible
evitar el dolor del duelo
y traspasar el dintel del campo santo
para regar de nuevo con agua blanca las palabras,
y con fe los viejos verbos,

soñar que nada estaba muerto
que todo era un paréntesis,
acaso un navegar los dos
en diferentes puntos suspensivos,

y creí que en ése divagar nacían nuevos versos,
y tú los comprendías,
que se borraban las palabras
que pronosticaban lluvia y despedida,
que cerrábamos los ojos y la tinta se vertía
y florecía poesía sencilla
de nuevo en tu espalda como lienzo,

y que en un suspiro abrías las pestañas
rejas de mi alma, y me negaba a sentirme de ti libre,
y que el sol se ponía entre nosotros
y te miraba como siempre; único horizonte,

y que en el campo florecían violetas
y por ello era santo, y me tomabas de la mano
y me decías que nuestra despedida fue una pesadilla,
y te quedabas a mi lado a velar la vida de los verbos
donde tú y yo... hacíamos como antes la poesía.

Due® 5.4.10

3 comentarios:

José Antonio Fernández dijo...

Muy bonito, si señor.
Me quedo con esto:"acaso un navegar los dos
en diferentes puntos suspensivos,..."
Saludos

Anónimo dijo...

A veces las despedidas entrañan el amor más absoluto y verdadero, Francisco.
El nunca más no existe, existe el siempre y hay amores que sencillamente son para siempre, hay seres empecinados en beber y beber y beber, boca abajo sobre la tierra la primer sonrisa de crepúsculo del ser amado, esas lágrimas mezcladas junto a un tren que parte, la tinta de unas cartas...aunque la vida nos proponga el juego del silencio y el olvido, hay quienes siguen amando y eso es tan bello... como leerte una vez más.

Te dejo un beso y ya sé, no te molestes, no me vas a responder... (chiste, gracias por responderme, siempre leo tus respuestas)

Flor

Francisco Lechuga Mejia Due® dijo...

Jose, Flor; de verdad siempre quedo muy agradecido con su visita, ...un fuerte abrazo